Análisis por Marble Arch
Canchita por Maraja
El desencanto crecía de manera proporcional a la velocidad del reloj, cuando la cercanía de las 11 de la noche traía consigo la posibilidad cierta de quedar afuera de todo. El equipo había ido con mucho más corazón que ideas, una vez más, y los plazos de certezas e ilusiones se diluían entre los murmullos, la impotencia y el rocío.
En la más clara de los 45’ iniciales, el chico Fabri Pérez tiraba una masita al culminar un contragolpe bien manejado por Farías. Enfrente, Muslera se estiraba a su derecha para manotear un tiro rasante que iba adentro, tras una carambola favorable a los paisas. Y otras opciones no tan serias del León (el tempranero bombazo alto de Farías, el testazo ancho de González Pirez, el disparo de Carrillo que toma impulso al rozar en su marca pero va justo a las manos del arquero, el dribbling de Fabri Pérez rematado a las nubes por derecha, algunos centros cruzados de Meza) quedaban en el tintero como testimonios del déficit indiscutible de este Pincha: sus dificultades para generar situaciones de gol.
Cetré no encara nunca aunque se para de wing, el sanjua Pérez peca de falta de confianza e ingenuidad, Farías se engolosina más de la cuenta para recordarnos la máxima de Sabella (“la habilidad es un arma de doble filo, pues mal usada juega para el rival”), y por eso no alcanza la enorme velada de Mikel Amondarain, corriendo, encarando, trabando, gambeteando, mostrándose siempre y contagiando; ni el pivoteo inteligente de Carrillo para bajar todo de arriba e intentar armar juego asociado en un contexto permanentemente cortado por el golero Chaux con la complicidad del referée para demorar 30” cada saque de meta, por las teatralizaciones colombianas ante cada infracción, y por las pausas de hidratación instituidas por una CONMEBOL que en cualquier momento pone al Ratón Mickey de alcanza-pelotas.
En el complemento, de movida en un pique le tira a Fabricio Pérez, en lesión de tinte claramente psicológico a los 53’, lo reemplaza Brian Aguirre y el ex NOB, sin tratarse de Garrincha o Caniggia, al menos se anima a desbordar y a generar corners, en la antítesis de Cetré. A los 63’, Tobio Burgos y Alario sustituyen a Cetré y Farías, en ventana positiva porque el “Pipa” limpiaría dos o tres balones en ofensiva, y Tobio, no obstante su tilde apocado para envalentonarse con el esférico en los pies o meter suela, sería importante en las pelotas quietas.
Avisó Carrillo luego de un centro de Meza al saltar por detrás del zaguero para un frentazo al piso y sin trayectoria que encuentra los guantes de Chaux. El guardameta visitante se agiganta para sacar del ángulo derecho ese cabezazo de Santi Núñez con destino de red, tras un corner rosqueado de Tobio Burgos. A los 87’ entran Sosa y Castro por Piovi y Benedetti. Dan 7’ de adicional.
Y a los 91’, José Sosa avanza en posición de 8, sin apurarse mientras desde los cuatro costados la legión de nenazos alimentada a play-station y tik-tok le pide premura, bocho levantado, mete un centrazo al segundo palo muy dirigido y envenenado, salva un defensor al cerrar en la línea de fondo, y de ese tiro de esquina llega la igualdad: lo toma Tobio, pasado, Guido gana por atrás para mandarla al primer caño, Castro cabecea hacia el sector opuesto y del otro lado, prácticamente debajo del travesaño, Amondarain la frentea con el alma. El lineman levanta la bandera de offside, la desazón invade UNO, hay largos cabildeos e infernal incertidumbre, el árbitro camina al medio del campo con el paso atildado del verdugo que medita cómo ejecutar la pena de muerte, y de golpe, cuando un tufillo negativo se apoderaba de la la sensación generalizada, el VAR convalida el tanto de Mikel, la clasificación a Octavos de Final, y se desata un delirio difícil de traducir con palabras. La agonía transformada instantáneamente en éxtasis.
“Te seguiría por todas partes para alentarte porque esta barra se merece, un campeonato más, y volver a ganar…”. La gente salió cantando de la cancha, rumbo a la fría medianoche. Y las diagonales volvieron a llenarse de bocinazos, de banderas, de ese calor copero característico de la fe albirroja. Un padre caminaba por 57 con su hijo, paró en la esquina de 2 porque pasaba una moto, y escuché que le decía a su nene: “Esto es la mística Brunito, esto es la Copa Libertadores, esto es lo que me contó tu abuelo cuando yo era chico, esto lo que yo ya también viví, y es lo que ahora vos estás viviendo”. Esto es Estudiantes de La Plata.
Salutti
Muslera: 6
Meza: 6
Núñez: 6
González Pirez: 6
Benedetti: 4
Amondarain: 9 ⚽
Piovi: 5
Farías: 5
Fabri Pérez: 4
Carrillo: 7
Cetré: 3
Brian Aguirre: 6
Alario: 6
Tobio Burgos: 5









