Análisis por Marble Arch
Canchita por Maraja
En un encuentro de trámite bochornoso, la denominada “Supercopa Internacional” que de internacional no tiene ni jurisdicción, las advertencias preliminares de Juan Sebastián Verón respecto al arbitraje se cumplieron a la perfección, en versión corregida y aumentada, porque el árbitro Darío Herrera, delincuente raso, respondió al pie de la letra al mandato emanado del Chiqui Tapi para perjudicar descaradamente al León.
Quedará para la anécdota el 3 a 1 final a favor de Central, resultado estirado en el cierre, cuando Muslera fue a intentar la heroica en el último corner del partido y Central lo liquidó de contragolpe con la admirable precisión de Julián Fernández para definir de lejos con el revés.
Antes, luego de la tempranera apertura albirroja por intermedio de Castro, al tomar debajo del arco la bajada de Carrillo luego de muy buena corrida de Tobio Burgos, Estudiantes pierde dos centrocampistas. A los 6’, atacando en tres cuarto de cancha, salta Neves a cabecear, Navarro lo desacomoda en claro foul de amarilla, el Pony cae, el maleante Darío Herrera señala “siga siga” y Neves, con desgarradores gestos de dolor desde el piso, pide el cambio; paran el partido, lo retiraran del campo en ambulancia, y el diagnóstico sugiere fractura de muñeca. Un rato más tarde, tras la demora por el percance del uruguayo lo reemplaza Jalil Elías, entra frío, erra un par de pases, hace un foul al borde del lateral, allí mismo se lastima, a los 16’ debe ser sustituido por Fabricio Pérez y abandona el rectángulo con la rodilla inmovilizada, en asombrosa situación de doble mala fortuna con pocos antecedentes por lo repentina.
El empate de Di María de tiro libre después de dudosa infracción cobrada a Mancuso, cuenta con la mala decisión de Muslera de dar dos saltitos hacia el medio del arco, y el balón, muy colocado, se mete alto contra el poste del arquero, que vuelve sobre sus pasos para decorar la foto.
Y con un par de llegadas claras para cada lado, sobreviene el segundo hurto de la jornada cuando en un pique largo de Ñúñez, Copetti y González Pirez apareados, el delantero rosarino se tira; continúa el match, llama el VAR, el obediente Herrera acude presuroso y determina pena máxima por “acción imprudente” de González Pirez, un supuesto roce de la rodilla al muslo que, de haber ocurrido, tuvo lugar afuera del área. Di María lo convierte en 2 a 1 con su clase característica, acariciándola a la izquierda de Muslera.
Meza y Gaich por Mancuso y Baltasar, las dos inexplicables variantes del Cacique para afrontar el complemento, ayudan a planchar el desarrollo. Muslera le impide el tercero a Di María en una réplica, luego que Copetti cuerpeara al flojo Núñez, Cantizano la toma del otro lado, se limpia a Meza, a Tobio Burgos y su zurdazo es desviado con lo justo por Muslera.
Trascartón, patadón del ingresado chico Elías Verón a Gaich, estando amonestado, a dos metros del sinvergüenza vestido de negro, éste marca la falta pero no le muestra el segundo cartón pues debía expulsarlo, y pese a los airados reclamos pone cara de poker para hacerse el desentendido. Llega el centro de Tobio, lo frentea González Pirez al lado del palo y ahí pide el cambio Guido por una molestia en el isquiotibial izquierdo para completar el saldo nefasto de un sainete ridículo. La inclusión de Alario desnuda la percepción lineal de Medina, pues era Sosa cantado. O si no, Cetré.
Y no obstante el descomunal despliegue de Piovi y la calidad superlativa de Tomás Palacios para tomar la lanza, Fabri Pérez, Tobio y Meza pecaron reiteradamente de ingenuidad, Castro se fue diluyendo, Alario hizo un culto a la inmovilidad, y llegar a la igualdad para forzar un alargue tenía visos de milagro.
Tobio Burgos se perdió sin embargo el empate al recibir a espaldas de la zaga una tremenda habilitación de Piovi. En otro ollazo pasado, cabecea Gaich, Ovando extiende sus brazos, la pelota le da en el zurdo, sale despedida a la manera de un saque de abajo de voley, y es indiscutible penal. Pero Herrera hace que habla con el VAR, ni siquiera lo citan a observarlo con todo el banco pincharrata a los gritos, tal vez porque Baliño estaba mirando Netflix o Paramount en su cabina, o tomando palangana, e indica lateral con absoluta desfachatez. Hurto total, plagado de impunidad.
Tampoco el VAR, la mentira más grande de la historia, reacciona a los 46', al ser talado Tomás Palacios por Ibarra dentro del área académica. ¿Cárcel o Baliño decía un narco? Santi Dios.
Ya Verón tweeteaba sin tapujos, haciendo primero hincapié en el inexplicable maltrato de la policía y gendarmería santiagueñas contra la caravana estudiantil –hubo gas pimienta, lacrimógeno y palazos-, demorándola en tres o cuatro puntos sólo para que arribara tarde la estadio, dentro del detallista Operativo Toviggino ejecutado con elocuente parcialidad.
Y ese frentazo de Núñez al techo del arco, acertándole de aire al envío de Castro, parecía bajarle las persianas al asunto. Hasta que Rosario anotó el 3 a 1 con el aludido contragolpe, en el festejo cargaron a sus pares, también a la gente platense, y el epílogo entonces se llenó de piñas, empujones e insultos, con Muslera repartiendo a diestra y siniestra, Núñez totalmente sacado, Tomás Palacios demostrando que además de crack es guapo, y todo el plantel corriendo a los flamantes campeones, que huían despavoridos hacia el túnel. Allí Verón, Gorostegui y Angeleri se dirigieron al centro del campo, y la Brujita le apuntó directamente a la cara de Herrera para espetarle a viva voz el choreo cometido. Los jugadores, sarcásticamente, aplaudirían a la terna arbitral en la premiación.
Estudiantes de La Plata, que contrató a Jalil Elías como rueda de alivio de Piovi, perdió al sirio, a Neves y por lo pronto a Carrillo. Si para la Libertadores se buscaba hasta ayer un cuevero, el panorama se agravó un montón, más allá de la obligación de rearmar una formación fuerte para el mata-mata del jueves próximo ante Platense por Copa Argentina en Florencio Varela.
Así, la Final entre un campeón legítimo y otro consagrado en una combi terminó castigando la lógica, el esfuerzo, el trabajo y la seriedad institucional. Para premiar por el contrario, de manera ilegítima, al club amigo del poder de turno.
Tapia reía de costado en su palco, seguramente Toviggino rondaba el lugar con su legión de esbirros toalla en mano, y su felicidad era exultante en la ceremonia de los trifeos. Ahora andarán descorchando champagnes con Belloso para celebrar la gigantesca estafa perpetrada. Acaso sean amigos, en el fondo son cómplices. La extraordinaria carrera de Ángel Di María no necesitaba de semejantes favores. Profanó su gloria, y esa mácula innecesaria quedará grabada para siempre en la memoria colectiva de el país futbolero.
Mientras el mejor deporte nacional agoniza, el roedor Eduardo Feimann aprovecha la bolada para ponerse del lado de Tapia y pegarle en sus redes a Verón, quizás tratando, en su insignificancia periodística y humana, de cobrarse revancha de aquel memorable paseo televisivo propinado años atrás por Juan Sebastián.
El Pincha molesta. Siempre. El amedrentamiento y la violencia desatada por las "fuerzas del orden" continuaron al término del encuentro, al atacar de modo cobarde a la familia pincharrata en el estacionamiento de los micros. Por eso, el dolo sufrido este sábado en Santiago del Estero excede lo deportivo y reivindica el “solos contra todos”. Ahora, más que nunca.
Salutti
Muslera: 5
Mancuso: 5
Núñez: 4
González Pirez: 4
Tomás Palacios: 8
Baltasar Rodríguez: 6
Piovi: 7
Neves: - -
Castro: 6 ⚽
Tobio Burgos: 5
Carrillo: 7
Jalil Elias: - -
Fabricio Pérez: 5
Meza: 4
Gaich: 5
Alario: 3










