Análisis por Marble Arch
Canchita por Maraja
El empate en 3-3 ante Instituto en el crepúsculo sabatino, remontando el 0-3 con un hombre menos, casi se convierte en 4-3 por el tanto de cabeza de Rojo anulado por claro offside. Y tuvo su inyección anímica a pesar de quedar eliminados de los playoffs, un objetivo inconscientemente devaluado a medida que se fueron sorteando obstáculos en la Libertadores.
Por eso la Final del 28 de este mes en Montevideo, más allá de lo que ocurra en la inventada cordobesa ante Independiente Rivadavia de Mendoza, reviste caracteres de determinante no sólo para el Ciclo Medina, sino para el futuro del club.
Resulta difícil analizar un partido donde la parcialidad de Mastrángelo rozó lo delincuencial en perjuicio del León. En el primer tiempo, hubo varios cornes con virtuales tomas de lucha libre en el área de Instituto, y el maleante, a un metro, se hacía el fesa; no eran agarrones, sino sujeciones alevosas de cintura, de cuello, con los defensores visitantes abrazando con vehemencia a sus rivales, sin tapujos y con absoluta impunidad. Por jugada se producían dos o tres penales indiscutibles ante la permisividad del referée, quien además le dio vía libre para pegar al zaguero Alarcón, que continuaba fouleando con una amarrilla en el lomo. Por si fuera poco, el árbito “cortinó” muchos avances estudiantiles, ubicándose entre el pasador y el receptor; una vez, vaya y pase, dos también, en la velada sabatina la situación se reiteró hasta el cansancio.
Frente a semejante panorama, el dominio estéril del Tetra, resumido en la opaca tarea de Joaquín Correa jugando en puntitas de pie, en la extrañamente escasa influencia de Carrillo, en los altibajos de Tiago Palacios y en poca determinación de Tobio Burgos para encarar por la banda izquierda, no alcanzaba para empardar el asunto luego de empezar a perderlo desde el vestuario por el horror de Muslera al intentar eludir a Suárez en la boca del arco tras una cesión atrás bastante inapropiada de Benedetti. Las chances de empardarlo fueron contadas, y en la más clara lo trabaron a Castro cuando buscaba empujar el centro al ras de Correa.
Ni bien arranca el complemento, tiro de esquina de Luna, Mosevich madruga en el salto a Carrillo y a Castro, le cambia la dirección con la frente y la manda a guardar porque Muslera había salido a cazar mariposas a espaldas de los tres.
A los 50’, Santiago Núñez pierde una pelota a la salida, sale el ataque a sus espaldas, corta con infracción, recibe la segunda amonestación y se va al vestuario. Trascartón, en medio del nerviosismo generalizado del equipo, regalito de Castro para Luna, éste alarga para el ingresado Córdoba Mosquera, el moreno la tira larga perseguido por Rojo y al filo de la raya de fondo, sin ángulo, saca un derechazo alto al primer palo de un Muslera que había dado dos saltitos hacia adelante y se come el tercero para completar un crepúsculo fatídico.
Era la hecatombe. En la ventana de los 57’, de manera acaso incomprensible, Funes Mori y Kociubinski reemplazan Correa y Alexis Castro, tal vez para evitar una goleada catastrófica. Pero a partir de allí comienza a crecer Tobio Burgos, también Palacios, y Estudiantes saca a relucir vergüenza deportiva para terminar empatándolo contra un beneficiado cuadro puntero, síntesis del grado de pudrición imperante en el fútbol argentino.
A los 58’, Guido la coloca abajo con el parietal después de un envío perfecto de Piovi, tras preciso bochazo de Rojo para Palacios e intervención de Mancuso en el tejido preliminar. A los 65’ lo bajan a Tobio en la media luna, La Gloria arma barrera sin cocodrilo y Tiago de vivo la tira a rastrón para acomodarla junto al caño derecho de Ledesma. Baltasar por Piovi a los 75’, en variante demorada pues en veinte minutos el ex Racing volvió contagiar sus ganas con un despliegue emocionante. Y a los 86’, a nada de sustituir a Benedetti y Tiago Palacios, el parcero Cetré y Fabricio Pérez protagonizan la igualdad: inteligente habilitación de Tobio para el colombiano, desborde, centro venenoso y el sanjuanino la impacta al gol.
La gente, que había ovacionado por duplicado a Muslera en sus gruesos errores, terminó aplaudiendo la entrega de los jugadores y se fue cantando por las calles el “Y volver a ganar, la Libertadores…”, única ilusión profunda y movilizante a 27 días de la topada continental en el Centenario. Infecta las raíces de cada hincha, sacude los cimientos de sus historias personales. Late con fe.
La Libertadores de América es como la mujer de su vida para Estudiantes de La Plata. Su obsesión eterna. Y no la quiere perder.
Salutti
Muslera: 1
Mancuso: 5
Rojo: 5
Núñez: 4
Benedetti: 3
Castro: 4½
Piovi: 5
Palacios: 6 ⚽
Correa: 4
Tobio Burgos: 7
Carrillo: 5 ⚽
Funes Mori: 5½
Kociubinski: 5
Baltasar Rodríguez: 6½
Pérez: 6 ⚽
Cetré: 5







